Javier Varela es de León de toda la vida. Médico licenciado en Lérida, terminó los estudios sin saber muy bien qué hacer, pero con un objetivo claro, ir a un país del llamado tercer mundo. Todo ocurre muy rápido, antes de uno de sus últimos exámenes, hay una conferencia del Padre Ángel Olaran en su facultad. A los pocos días, Javier era recibido en Wukro con los brazos abiertos. Así llegó Etiopía a su vida y cruzó de lleno su endocardio.
¿Que tu abuelo fuera pediatra tuvo algo que ver para que acabaras siendo médico?
Sí, mi abuelo fue un pilar muy importante en mi vida. Desde que tengo uso de razón me recuerdo al lado de mi abuelo. Él era para mí algo superior. Su calidad humana fue un ejemplo a seguir y hubo un momento en mi vida que me dije, si algún día puedo ser como él ya habré cumplido, y en ello estoy.
Y que hoy estés en Etiopía… ¿a qué se debe?
El destino, suerte o llámalo como quieras, el hecho es que han ido pasando una serie de circunstancias que me han permitido estar cerca de lo que me hace feliz.
Cuando pones el pie en lugares tan inhóspitos, ¿qué sientes?
Yo sólo deseaba conocer la realidad más allá de la que nos trasladáis los medios de comunicación y poder ayudar en todo lo posible pero, sin ninguna otra intención, yo quería volver; ahora, en el momento que pones un pie en Etiopía ya sabes que no te vas a poder quedar sólo con eso. Te encuentras con un mundo que te desborda, ves las necesidades que tienen pero también ves cuánto les sobra de lo que a nosotros nos falta y ese intercambio me cautivó.
¿Qué les sobra?
Les sobra caridad, le sobra humildad, les sobra bondad, honradez. Estas personas han descubierto la forma de ser feliz, algo que nosotros tanto buscamos. Nuestro concepto de felicidad es muy difícil, no lo tenemos nada claro. Allí, lo ve y lo vives con ellos.
Cuando estás entre nosotros, ¿cómo sobrevives?
A mí me impactó mucho más la vuelta que la ida. Cuando puse el pie de nuevo en el aeropuerto de Barcelona me dije, Dios mío dónde vivo. Es como si al entrar en el mundo occidental, entraras en una burbuja que no nos deja ver más allá de 500 kilómetros al sur. Realmente estamos en un lugar irreal.
Pero entonces… ¿no echas nada de menos cuando estás en Wukro?
¡Hombre! echo de menos cierta comodidad, pero a medida que pasan los días comienzas a olvidar, se te olvida, lo único que puedes echar en falta es la comida y un lugar donde dormir, pero eso allí también lo tienes. El resto de comodidades no las necesitas para nada.
¿Por qué decides poner en marcha la organización solidaria “No Te Olvidaré” de forma independiente?
Las ONG’s hacen un trabajo increíble, ahora, quiero decir que los proyectos solidarios son un parche, vamos por mal camino si pensamos que la solidaridad es la solución. El cambio ha de venir de una profundidad mucho mayor, de momento lo que tenemos son estas organizaciones y deben continuar con su labor, para un futuro esto sólo ha de ser la base.
¿Cómo trabaja vuestra organización No Te Olvidaré?
Nuestra intención era poner en marcha un lugar muy concreto que es Wukro y Alitena. ¿A qué nivel?, pues a nivel sanitario sobre todo y en cuanto al cambio profundo que hemos de ver... es difícil saber de dónde tiene que venir; si de estas poblaciones, es decir, que ellos mismos empiecen a ver la forma de salir adelante, o bien de nosotros, pues por ejemplo dejando de oprimirles. Es muy difícil conocer el punto que se ha de tocar para que este cambio ocurra, pero yo creo que nuestra educación y la de ellos ha de ser la fuente de la que hemos de beber.
¿Qué sensación se tiene en África con respecto al presidente afroamericano Obama?
Pues es un indicativo de que las razas comienzan a ocupar su lugar. La sensación que se tiene al respecto es de orgullo y, mucha gente es consciente de que hay un presidente negro en Estados Unidos. Ahora comienzan a conocer sus derechos, saben que hay que luchar y aunque no saben cuánto tiempo tardarán en desarrollarse, sí es cierto que se nota un pequeño cambio.
Parece que ya estás más conectado con África que con León…
Sí. A la semana dedico muchas horas a Wukro y a Alitena y tengo más contacto que con León incluso que con Lérida, que es donde tengo fijada mi residencia.
¿Lo echas de menos?
Mucho. Me gustaría viajar con más frecuencia. Yo estoy desarrollando mi trabajo desde aquí y dejando que sean ellos quienes decidan su camino y lo que han de hacer, pero les echo mucho de menos.
¿Esa es en parte la filosofía de No Te Olvidaré?
Sí, Wukro y Alitena deben construir su propio camino y además deben ser responsables. Piensa que conseguir el dinero aquí es muy difícil, a las personas les cuesta mucho colaborar. Entonces, nosotros cuando ponemos en marcha los proyectos que ellos nos piden, esto es muy importante (resalta Javier), se lo hacemos saber, y saben que si fallan, no continuaremos con los proyectos y es una oportunidad de confianza y compromiso que se pierde.
¿Qué les cuentas de nosotros, de León?
Les hablo mucho de León pero no lo comprenden, no son capaces de asimilar cómo es nuestra vida aquí. Yo les hablo de mi profesión, de mi familia, de mi novia y ¡hasta ahí! Su concepto de familia lo ocupa casi todo. No te preguntan si tienes coche u otros aspectos materiales, les preocupa el concepto de familia y de amigos y luego, cuando les quieres explicar tu cultura… te quedas como diciendo ¿y qué les explico yo?, ¿qué valores tenemos en nuestra sociedad?... y ya no les puedo explicar más. En valores nos superan, así que la explicaciones se quedan en mi familia… poco más les puedo contar.
¿Hay posibilidades de futuro en ese llamado tercer mundo?
Sí. A corto plazo no, todo va a seguir más o menos igual pero, yo siempre lo he dicho, nuestros hijos verán un cambio importante, no queda otra. Si ahora visitaras Wukro verías que una sola persona, el Padre Ángel, ha conseguido desarrollar el municipio muy por encima del resto del país, esto te da que pensar. Si sólo una persona con muchísimas dificultades, ha hecho este cambio, te queda esperanza, pero yo no miro a cambiar el mundo, primero hay que empezar a cambiarse por uno mismo. Esto no es una cuestión política, es una cuestión de conciencias.
¿Y dónde crees que se encuentra ese futuro?
Pues principalmente en las mujeres. El 95% de los créditos que concede el Padre Olaran es a mujeres.
¿Nos puedes ilustrar cómo es Wukro o Alitena a efectos económicos?
Mira, sólo con las ventas de las 1.200 unidades de nuestro libro, “Diario de un leonés en Etiopía”, pondremos en marcha la Escuela Hogar de las huérfanas de Alitena y sacaremos de la calle a las niñas de 12 o 13 años que ahora respiran miseria y viven de la prostitución, pero para que te ilustres puedo decirte que la renta de una familia para un mes son 10 euros, o que el alquiler de una casa tiene el valor de un euro
y medio…
Una última reflexión…
Cuando fui pensaba… bueno, voy a ir a hacer una labor…. con mi civilización occidental y con mis medios… me dije, me voy a comer el mundo y cuando llegas allí dices, ¡osti! si estoy aprendiendo yo más de ellos que ellos de mí, ¡yo me estoy beneficiando mucho más! Te dices, la carrera… sí, es lo que me va a dar de comer en mi vida ¡muy bien! pero realmente lo que yo esperaba de la vida está allí.
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