![]() |
A muchos de nosotros se nos ha pasado alguna vez por la cabeza el incontrolable deseo de cambiar las cosas, de hacer algo que realmente valga la pena. Oscar Costilla se marchó a Somalia con 27 años y ya son 15 en los que no ha cesado en su empeño por mejorar el mundo en el que vivimos. Ese sentimiento y necesidad de ayudar a los demás le ha llevado a vivir y trabajar como jefe de misión en países como Afganistán en pleno conflicto con los Talibanes o en Sierra Leona donde llegó a estar secuestrado. |
A pesar de lo que pueda parecer, se siente un privilegiado por vivir las cosas que ha vivido y se siente muy orgulloso de todo aquello, poco o mucho, que ha conseguido para hacer la vida de los demás un poquito más fácil. Dibujar una sonrisa en el rostro de esos niños no tiene precio.
Gandhi dijo: “Casi todo lo que realice será insignificante, pero es muy importante que lo haga”. ¿Comparte esta filosofía de vida?
Sí claro, hay veces que nos olvidamos de ello, hay veces que te vienes abajo, ha habido momentos en estos 13-14 años en los que realmente he sentido el hecho de que mi granito de arena ha valido algo. Es cierto que se tapan agujeritos, no se arreglan, pero cuando por ejemplo tú ves que hay niños que se están realmente muriendo, que les quedan horas de vida si no les das un tratamiento de nutrición y ves que en un mes, ese niño que no se podía ni mover, ese niño que difícilmente te mantenía la mirada y tenía los ojos secos, ya corre y juega. Ahora soy consciente de que hago hospitales, que hago colegios para niños y niñas en Afganistán, que van a tener colegios que antes no tenían, o que van a tener hospitales y que no se tienen que desplazar 30 o 40 km, si no que lo tienen al ladito. No lo arregla, pero sí que ayuda a por lo menos, no perder la esperanza.
¿Qué motivaciones ha de tener una persona que se dedica a la ayuda humanitaria?
Como para todo en la vida, en esto también hay que valer y gustarte. Porque mira, por ejemplo un hábito en mi vida es levantarme a las 6 de la mañana y estar trabajando hasta las 8-9 de la noche, y sabes que cuando acabas no puedes ir a ningún lado, te tienes que quedar en el mismo campamento porque no puedes salir, y así un día tras otro, si realmente no quieres hacer eso, tu trabajo se va a ver afectado. También es muy importante tener buenas experiencias haciendo este trabajo para saber que lo que haces no cae en saco roto, tienes que ver que realmente tu trabajo se ha transformado en algo, que has logrado que haya un colegio, una pequeña escuela en tal sitio, que ciertos niños que se iban a morir ya no se mueren porque tienen la comida que les ha llegado a tiempo.
¿En su caso particular qué le ha llevado a lugares como Afganistán o Sierra Leona?
De pequeñito incluso pensé en ser cura, tenía esa idea en la cabeza, quizá porque era típico en aquellos tiempos que las niñas quisieran ser monjas y los niños curas, pero un hermano del colegio me dijo que no hacía falta hacerse cura para ayudar a los demás, que si quería cambiar las cosas empezara por mí mismo, y con esa idea empecé. Me vinculé a ONG´s y luego ya incluso llegué a crear otra ONG, y eso sí que me reportaba, aunque no estaba del todo convencido, necesitaba cambiar las cosas de verdad, y después de dos años pensándolo me embarqué en mi primera misión en Somalia.
|
¿Cuál ha sido el destino que más huella le ha dejado? Afganistán sin duda. Allí me he pasado cinco años trabajando, donde tuve que compartir la zona con los talibanes, es decir, que me pilló todo el conflicto de lleno. Yo llegué año y medio antes de que sucediera el terrible atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York, a partir de ahí te puedes imaginar la situación que se vivía allí. Pero tengo que decir que Afganistán siempre me ha dado mucho, y posiblemente es lo que me queda. Tanto profesional como personalmente he vivido muchas cosas y aunque la vida allí es muy difícil te acabas acostumbrando. |
![]() |
Cada país es muy diferente, pero ¿la guerra y la pobreza entienden de diferencias?
La verdad es que no. La vida pierde sentido, cuando estás en una situación de esas te das cuenta de que da igual que sea Mozambique, que sea Sierra Leona, que sea Afganistán, la vida de las personas muchas veces no tiene precio. En unos la vida se canjea por animales y en otros se canjea por un matrimonio arreglado y en otros se canjea por unas tierras.
¿La situación de las personas que ayudan es tal y como lo vemos desde el sofá de nuestras casas?
Para que nos llegue aquí una noticia de Afganistán tiene que ser que muera algún soldado español o que haya habido un atentado bastante fuerte y que haya habido bastantes víctimas. Muchas veces lo que llega a España desde estos lugares bien sea Afganistán, Mozambique, Sierra Leona o incluso Colombia esta desvirtuado. Muchas veces los medios de comunicación se quedan cortos dando la información y en otras ocasiones la desvirtúan. Cuando yo dije a mis padres que me iba para Colombia, mi madre me decía que por favor no fuera, era una propaganda tan mala la de Colombia que tú llegabas y parecía que iban sorteando ya en el avión a quien iban a secuestrar, y para nada es así. Colombia es un país encantador, es un país seguro, eso sí, según dicen ellos no tienes que dar “papaya”. Bogotá tiene áreas en las que se vive muy bien, vas seguro por la calle, sin ningún problema, pero tienes que saber a qué sitios no puedes ir, como en cualquier ciudad del mundo.
![]() |
La admirable labor que desempeñáis es fundamental, pero a la vez muy arriesgada. ¿Se siente miedo? El miedo lo tienes siempre, aunque con el tiempo le das un valor diferente. A mí me han disparado, me han secuestrado, he estado montones de veces en un bunker pensando en que van a llegar y nos van a matar, y al principio lo pasas mal, lo pasas bastante mal, porque piensas que es el final, luego vas saliendo de esas cositas y te vas relajando un poco, y ahí está el peligro, cuando te relajas. Cuando llevas dos años en Afganistán tiendes a normalizar las cosas entonces piensas que no te va a pasar nada, pero para eso nosotros tenemos unos protocolos de seguridad que has de seguir. |
Por ejemplo los restaurantes están vetados. Se hace un análisis de seguridad que te dice a qué restaurante puedes ir, y dependiendo de cómo esté la situación se declara ciudad blanca, que significa no te puedes mover por la ciudad.
En su caso particular, ¿cuál ha sido el peor momento en misión humanitaria?
En Sierra Leona con el secuestro, bueno en realidad nos retuvieron porque no pidieron ningún tipo de rescate por nosotros. Había empezado la desmovilización de los rebeldes y nosotros nos dirigíamos de Freetown a Makeni, que es donde teníamos la base. El proceso de desmovilización falló, se alargó durante un día o dos. En una desmovilización pueden conseguir la amnistía para los soldados más bajos, pueden conseguir cientos de dólares, 100, 200, 300, 1.000, dependiendo el país y del contexto por cada arma que depositen. En Sierra Leona fueron unos 200 o 300 dólares que nos les dieron para mucho y además habían perdido las armas que es lo que a ellos les da poder, entonces nos cogieron a nosotros y a otras 2 organizaciones y nos retuvieron durante 6 días. Nos dejaron libres después de largas negociaciones en un punto que habían acordado ellos. El camino fue crudo, porque veías todos los convoyes militares de los cascos azules abandonados y los cascos azules maniatados en ropa interior.
¿Los valores de una persona cambian después de llevar este estilo de vida?
La verdad es que sí te cambia. Te sientes desubicado cuando vuelves aquí, vives como en una burbuja. Y te cambia en el sentido de que muchas cosas que me preocupaban antes, ya no me preocupan, que el niño no duerme, bueno, pues no te preocupes que mañana va a dormir mejor porque va a estar más cansado. Sin embargo hay cosas que sí qué extraño, el hecho de tener un punto de anclaje, de que pertenezco a un lugar, sentir que tienes raíces, yo estoy desarraigado completamente y ese es un valor que sí que me gustaría volver a recuperar, porque es importante tener un punto de mira, para cuando estás perdido, estas bajo de moral, poder volverte y saber que ahí está tu lugar.
|
¿A qué país de los que ha visitado volvería? Colombia. Colombia es un paraíso, os lo recomiendo, si podéis ir a Colombia no lo dudéis. Bogotá es una ciudad que no hace falta de nada, a dos horas de Bogotá tienes todas las temperaturas, frío, calor, ruinas antológicas, Amazonas… Cartagena de Indias, una maravilla, es preciosa, romántica. Aunque ahora lo que necesito es otra cosa, son muchos años de un sitio para otro, estamos hablando de Somalia a Mozambique, de Mozambique a Sierra Leona, de Sierra Leona a Afganistán, de Afganistán a Turkmenistán, después a Afganistán de nuevo, Sri Lanka, Colombia… y el cuerpo ya va pidiendo sitios más normales, sobre todo por mis hijos Daniel y Alejandro, para poder pasar mucho más tiempo con ellos y disfrutar de la tranquilidad. |
![]() |
A mí me encanta pasear y cada vez que vengo a León estoy como loco por ir a todos los sitios andando, porque aquí puedo hacerlo, aunque bueno mi menisco no permite grandes lujos.
Cuando llego a León lo que más me apetece es hacer cosas especiales, que para mí son las cosas cotidianas que la gente hace de rutina, tomar un café y leer el periódico, dar un paseo, fíjate si llegan a cambiar los valores.
Econline Facebook
El Tiempo












