Abel Alonso es de Trobajo del Camino, militar y aventurero. Desde que a los 18 años el Cabo Primero Alonso convirtiera la base Conde de Gazola, en Ferral de Bernesga, en su segunda casa, siempre ha tenido la decisión de acercarse a territorios en conflicto para poner su grano de arena sobre las ruinas que asolan los paisajes de Bosnia o Afganistán. Bajo temperaturas superiores a 58 grados o desde la soledad de un primer aniversario de boda en tierra extraña, el militar leonés recompone para Eco recuerdos y nostalgias.
La primera misión a Bosnia fue de seis meses ¿qué es lo que más se echa de menos?
Sí, mi primera misión fue de noviembre de 2003 a mayo de 2004 y, la verdad, se echa de menos mínimas cosas, un vaso de cristal, ver una montaña de León… en fin, en realidad se echa de menos hasta las farolas. Recuerdo que en Bosnia, durante cinco meses, comíamos en el comedor francés porque compartíamos misión y el embutido de león, los olores y los sabores se extrañaba en nuestra dieta. Pero, en general, se añora todo, cuando recibes una carta o un mensaje de los amigos… ¡es un mundo!
Y…¿cómo se remplaza tanta nostalgia?
Pues con muchas llamadas de teléfono, muchas fotos, mucha radio. En las misiones sólo podemos escuchar Radio Nacional y, entonces, una noche Rafa Guerrero nos envió un saludo desde su programa y aquello fue como devolvernos a la realidad, un sentimiento muy emocionante. Entonces también hay buenos recuerdos…
¡Claro! de Bosnia, por ejemplo, recuerdo las caritas de los niños en las calles, en los semáforos y como nos pedían ayuda continuamente. Un simple caramelo podía alegrarles el día. Recuerdo también con afecto las continuas visitas a la población civil y como les ayudamos a sobrevivir entre tanto artefacto militar escondido en las entrañas de sus casas, entre sus pasos… fue una labor que, sin duda, reconforta todo el desaliento que sientes por estar lejos de tu casa y de tu gente y, también, por estar rodeado de violencia y riesgo.
Pero a veces te preguntarás ¿qué hago aquí?
Pues hombre hay días para todo, pero yo fui por voluntad de ayuda, me gusta mi profesión y compartir experiencias. Sentir que ayudas y que tu labor es válida forma parte del carácter del militar y, aunque no llenas los pulmones de aire hasta que no aterrizas en Barajas, pues merece la pena intentarlo.
Además, las condiciones de vida en una base no deben ser muy confortables ¿verdad?
Bueno digamos que habitables, pierdes metros cuadrados de cuarto y tienes que compartirlos con compañeros. Vivimos en habitaciones que son como contenedores de obra de unos 10 metros cuadrados, en los que a veces llegamos a habitar hasta cuatro personas, así que el compañerismo y la amistad que se forja en estas misiones es muy fuerte. Y seis años más tarde Afganistán…
Sí, las dos misiones que he podido realizar en mi vida militar las he realizado. Cuando conocí las fechas de Afganistán, de marzo a septiembre de 2009, me di cuenta que coincidían con mi primer aniversario de boda y, aunque no fue fácil tomar la decisión, sentí que tenía que irme de misión. Ese día no recuerdo el número de veces que hablé con mi mujer, pero creo que estaba donde tenía que estar.
Esta vez seguro que preparaste mejor la mochila…
La verdad es que sí, por ejemplo, ya no olvidé el portátil que me hizo mucha compañía para poder ver fotos en aquellos ratos en los que te gustaría volar a León. Además, el facebook y las videoconferencias fueron herramientas que hicieron más llevadero el día a día. Yo creo que esto compensó un poco la gran diferencia en la misión, en Afganistán no salíamos de la base y fue muy duro, mientras que en Bosnia, el contacto con la población civil nos hacía sentir más vivos.
¿No visteis población civil?
Bueno, los domingos había un mercadillo dentro de la base que hacían los vecinos de la zona, pero ése era todo nuestro contacto con la población civil, aunque a veces la población si contactaba con nosotros, en Afganistán escuché por primera vez el sonido de la guerra.
¿Quieres decir que os atacaron?
Hubo numerosas ocasiones en las que atacaron a la base, unas 15 ocasiones, en una de ellas los proyectiles cayeron a escasos 20 metros de nuestra posición. Más tarde, como ya sabéis, durante otra misión ha habido compañeros que perdieron la vida en aquellas tierras. Ha sido una misión difícil.
Y los familiares, cuando esa noche llamas a casa…
En mi caso, a veces me enteraba de ataques a través de una llamada a casa, eran ataques a otras bases y en otras zonas, que, claro, nosotros aún no teníamos noticias y en España ya estaban informados. En una
ocasión, en Afganistán, compartimos base con un destacamento de periodistas y entonces en esos días nos enterábamos de todo. Admiro también su labor porque creo que significa tanta apuesta como la nuestra.
¿Volverías?
Volvería, son días sin respirar, de sobresalto y, aunque es difícil de entender, si se da la ocasión, volvería.
Cuando llegas a León, ¿ha cambiado algo?
Sí, claro, mucho. A la vuelta el rocódromo de Trobajo, donde tanto veces subí, ya no estaba y, por ejemplo, había abierto un centro comercial nuevo, el León Plaza. En cuanto a obras y calles levantadas… me recordaba un poco a Bosnia, la verdad.
¿Qué hiciste el primer fin de semana libre?
Me fui a Piedrasecha a escalar, necesitaba la sensación de libertad que sólo puedes sentir al hacer una escalada. La verdad es que necesito el riesgo en mi vida, es mi carácter.
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