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Si la poesía que sale de su imaginación y escriben sus manos es reveladora y estremece, su voz retumba dulcemente entre violonchelos y acordeones mientras el recuerdo es contemplado con serenidad y rabia a través de su boca. Es de Villafranca del Bierzo y aunque no le guste adoptar un premio como reconocimiento profesional, su libro “La casa roja” le ha llevado a ser Premio Nacional de Poesía. Con todos ustedes Juan Carlos Mestre |
Juan Carlos Mestre es una persona polifacética, poeta, grabador y ensayista, ¿qué orden o lugar ocupan éstos en su universo creativo?
El desorden ha sido mi lugar preferido, llevo décadas intentando quitar de su sitio la preceptiva que los curas me metieron en la cabeza y salirme del curso de lo previsible. No soy polifacético, me horroriza esa especie de funambulista chino moviendo una docena de platillos a la vez en la pista del nuevo circo del mercado. No, en absoluto, yo hago una sola y única cosa, tal vez dar cuenta de lo que la ha sido una tarea no del todo libremente elegida, la de cumplir un pequeño encargo relacionado con la amistad y la continuidad de la panadería de la imaginación. Pan duro, pan de ayer, pan tierno para la voz sin boca de la necesidad, de lo que a falta de otra mejor realidad intuida llamamos tareas de la conciencia humana, un estar ahí bajo la intemperie de las estrellas con el puestecito de palabras ya usadas por otros y los sueños pendientes de ser soñados.
Pregunta flagrante quizá, pero a la vez apetecible de ser escuchada, ¿qué es para usted la poesía?
Pues acaso la conciencia de algo, lo que no podemos tener, conciencia de ninguna otra manera, un modo de acceder a la zona invisible de la realidad, al lenguaje inarticulado de los pájaros que entra en nuestros oídos con el recado de una misteriosa y justa belleza. La poesía es lo que cada uno de nosotros quiera que sea la poesía. Se acabaron, como decía Nicanor Parra, los tiempos de los toros furiosos y las vacas sagradas, los poetas han bajado del Olimpo, y la poesía, acaso la teoría menos humillante de la historia es hoy el lenguaje de la delicadeza humana, un acto de legítima defensa de los idiomas de la imaginación contra la soberbia obstinación del poder para mentir.
¿En qué grupo poético o corriente literaria sería justo colocarle?
En ninguna, soy un pájaro solitario desde que tuve razón y decidí perderla. Los grupos son como las jaurías de caza, sólo les sirven a los cazadores para acorralar y abatir la pieza. No, esas estructuras de pelotón son propias del discurso militar, no del barracón de insumisos de la poesía. Ahora bien, uno tiene filias y deudas, fervores y lealtades, y las mías son claras: el padre Antonio Gamoneda, la cariñosa e inmaterial sonrisa de Pereira desde las ferreterías del relámpago, la heterodoxia de Rafael Pérez Estrada, el acontecimiento irrepetible de José Miguel Ullán o la danza de emperador chino de Gonzalo Rojas sobre los volcanes apagados de la revelación. Son mis maestros, fueron mis amigos, pero siempre con una cucharilla de oro en la mano izquierda de la conducta para disolver toda idea de grupo o ángeles dálmatas. De colocarme, colóqueme usted entre aquellos que aún siguen esperando que las palabras, memoria civil de la historia, vuelvan a significar lo que no significaron en tiempos de impiedad y miedo e inmisericordia. Y si tal pretensión es alta, algo más sencillo, tómeme por una castaño del este otoño y métame dentro de cualquier libro de los poetas que le nombrado.
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Keats, Safo, Lennon, son nombres que encabezan algunos de sus libros, ¿qué significan estas personas para usted? Keats es el joven poeta inglés, romántico por excelencia y tuberculoso por destino, y esa unidad que se da en su poesía entre verdad y belleza es también una de las más radicales concepciones de la modernidad, la del poeta que deviene en otro, que es otro distinto a él mismo porque participa de la materia de lo cantado, árbol con el árbol, piedra con la piedra. Keats decía que poeta es aquella persona que en presencia de otro se considerara siempre su igual, sea éste el rey o el más pobre del clan de los mendigos. Hay conciencia de amor y conciencia social de la ética de la conducta en esas palabras dichas hace dos siglos. Y hay en Lennon, el otro John, una afinidad en la desobediencia haciendo parte y cuerpo de su música, de su destino. Algo súbitamente mejor le ha ocurrido al mundo cuando Keats escribe su oda a un ruiseñor y Lennon imagina la tierra bajo los mandatos de otra fraternidad cuyo fin sea el de abolir todas las formas del sufrimiento humano. Bien, acaso Safo, y los filósofos presocráticos en su mismo club de baile no hayan pretendido asunto diferente, es decir, la indagación de la verdad que contribuye a la felicidad de los cuerpos, el deseo como primera ley de la belleza, la libertad como obligación moral de todos los hombres y mujeres dignos. Mire usted, yo escucho tocar el saxofón a Ildefonso Rodríguez, poeta leonés, y lo que oigo es también Keats y Lennon y Safo. Ese es el milagro, lo inconsumible de la poesía en esta época del usa y tira. No, la poesía afortunadamente no consume jamás sus múltiples significados. |
"los premios forman parte de la paradoja y la contradicción" |
Acaba de presentar su libro ‘La visita de Safo y otros poemas para despedir a Lennon’, escrito desde los ochenta hasta hoy, ¿está ya terminado o continuará?
Ni una línea más. Está clausurado definitivamente, como un nudo de bronce sobre un sepulcro. Son textos algunos provenientes desde el mismo corazón de la infancia, como la “Elegía en mayo” que escribí a raíz del suicidio de mi amigo el poeta Gilberto Ursinos en la primavera del 72. Yo acababa de cumplir los 15 años, él iba a cumplir los 37. Lo que entonces comenzó en mi vida fue una relación impuesta dramáticamente por el destino, el sentimiento de pérdida, la desaparición de los mejores. Los dos Antonios, Pereira y Gamoneda, estuvieron muy cerca, más que eso, fueron padres tutelares y generosísimos amigos. Además, uno escribía maravillosos cuentos, otro las mejores páginas de la poesía española contemporánea. Yo los leía con devoción y con devoción debí de imitarlos cuanto pude, uno imita para aprender, para querer estar ahí con la oreja enchufada hacia el infinito. La cuestión está en que te dejen, que los comisarios no te saquen a bofetadas. No fue mi caso. Mi libro, no está al margen de todo eso, son los cuadernos, las notas, la adolescencia de mi escritura revisitada desde el error de mis años de ahora. Tampoco se trata, digo yo, de seguir añadiendo más restos arqueológicos a la dulce ruina de aquellos primeros poemas…
Premio Nacional de Poesía por su obra ‘La casa roja’, ¿qué y quién habita en esa casa?
Ni ellos, sus propios habitantes, podrían decírtelo. Están ahí los que esperan, los silenciados, los perdedores en la virtud de su razón de todas las épocas. Están los míos, los poetas, los pensamientos civiles que aspiraron a las utopías de la felicidad, los borrados por el poder de las páginas de la historia pero resplandecientes en la conciencia sin fin de las civilizaciones. Están los carteros de mi pueblo y Giordano Bruno, está Gilberto Ursinos y André Bretón tomando un vaso de vino con Gamoneda en la carpintería de ángeles de Paul Klee. Están mis antepasados que también son los tuyos. Los que han sufrido y siguen sin restitución en su anónimo dolor bajo las cunetas de la reiterada humillación del olvido. Y están todos los que han querido pasar, pues esta casa de huéspedes está abierta y en el piso de arriba hay cama para los prófugos y los amantes clandestinos, y en el de abajo hay una habitación para el filósofo al que nadie escucha y el jardinero de los cipreses al que nadie quiere. Y hay sótano, y ahí ya no reconozco bien el rostro de los que están, pero están los que fugados de la realidad de este mundo resguardan en su conciencia las leyes del porvenir, la sabiduría que los convertirá algún día en buenos antepasados. Incluso en el tejado, a veces, hay una vaca azul tocando el violín bajo los cielos de Chagall.
Profesionalmente ha conseguido valiosos reconocimientos a su labor, ¿qué suponen los premios para un poeta como usted?
Profesionalmente no he conseguido nada porque yo no soy un profesional. Antes de estar ya me he ido, lo siento. Los premios son lo que son, caricias en la cabeza de gente que te quiere, acaso para ayudarte a seguir escribiendo y que lo hagas un poco menos mal. Vamos, algo así como un empujón para darte otra oportunidad. La poesía, aparte de inconsumible, carece de la posibilidad de comparación, es decir, que si se es poeta se es de una manera irrepetible, incomparable en términos de calidad con otra poética. Cada uno escribe lo que puede, no lo que quisiera. Yo tengo otras ideas que se me resisten, creo que por falta de capacidad, a ser correctamente expresadas. Así que los premios forman parte de la paradoja y la contradicción, de la ayuda generosa y la detestable organización del poder en categorías de la cultura, pero no somos ni ciclistas ni caballos de carrera, sencillamente no hay meta, y el que crea lo contrario, el que pretenda obtener con ello fama, dinero, poder… debería cambiar cuanto antes de oficio y no volver a escribir un poema ni pintar un cuadro. Resistir, esa es la consigna, seguir resistiendo, recordando al maestro Gamoneda: La belleza no es un lugar donde van a parar los cobardes.
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"cualquier día me lanzaré en paracaídas sobre la escena negra de los teatros cerrados" |
Estudió en Barcelona, vivió en Chile, reside en Madrid y nació en Villafranca del Bierzo, ¿hay algo poético en cada uno de estos lugares?
Claro y oscuramente que sí. En Barcelona, emigrante, iba a la universidad nocturna, de día vendía souvenirs en el puerto a los turistas rusos y nórdicos que llegaban en grandes trasatlánticos, yo apenas había salido de mi pueblo y estaba allí, de pie, a la orilla del mar, ofreciéndoles muñecas de faralaes y toros de plástico. La imaginación de la poesía me salvaba de lo que la realidad me hubiera destruido, y presentí la relación con el mundo como una distancia no relacionada con lo imposible.
En Chile la poética es otra, la realidad fue otra. Tenía cientos de amigos, yo diría que por primera vez en mi vida me sentí rodeado de innumerables hermanos. Fueron tiempos difíciles, la dictadura era losa siniestra sobre el proyecto de la reconstrucción civil de lo que había sido el sueño de Salvador Allende. Yo trabajaba en la universidad, dirigía una sala de arte y de actividades relacionadas con la música, el cine y la literatura. Los militares me echaron enseguida, sacaron un decreto específico, me pusieron en la calle y cerraron el departamento. Me quedé en Chile a pesar de las presiones, mis amigos estaban muchos en la cárcel, y me integré en actividades que hoy, ahora, en este instante de mi vida, son los momentos más intensos, emotivos y entrañablemente queridos de toda mi vida. Sí, fue vivir en la poesía, en la resistencia viva de la inutilidad imprescindible de la poesía.
En Madrid hay lo que hay, ruido y poco más, coches, turistas, funcionarios y muchos trepas. Lo poético en este caso está muy vinculado a la amistad, a los refugios donde los amigos siguen encontrando un lugar para el intercambio de sus piedrecitas de colores. Todo lo demás es negocio y monóxido de carbono, poco cielo en el kilómetro infierno.
¿El Bierzo es un buen lugar para pensar en poesía?
El Bierzo podría ser un buen lugar para todo pero si pensar en poesía es pensar críticamente, entonces el Bierzo es un buen lugar para darnos cuenta de lo mucho que está pendiente aún por hacer y lo que haciéndose nunca debería haberse hecho. Pero ya me he puesto bastante impertinente como para darle más vueltas al tornillo de lo quejumbroso.
Antonio Gamoneda, Antonio Colinas, Agustín Delgado, Ángel Fierro, José Antonio Llamas, Julio Llamazares, ¿la poesía en León está en buenas manos?
En las mejores. Añada a Ildefonso Rodríguez, a Víctor M. Díez y Eloisa Otero, Gaspar Moisés Gómez, Luis Miguel Rabanal, Tomás Sánchez Santiago, Mari Fé Santiago Bolaños, Carmen Busmayor, Alfonso García, Pilar Blanco…. Y los que vienen por el ancho camino de lo nuevo: Pablo López Carballo, Silvia Zayas, Sara Gallardo, Rafael Saravia, Luis Artigues, Jorge Pascual, Esther Folgueral, Fermín López Costero… Ya ve, no pocas y buenas manos.
¿Cuál será su próxima aparición en escena por tierras leonesas?
No tengo nada previsto, aunque cualquier día me lanzaré en paracaídas sobre la escena negra de los teatros cerrados.
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Luis Mateo Díez. Entrevista
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