En cada región se construye de manera diferente, pero desde tiempos remotos se utiliza los mismos materiales. Observando de manera meticulosa cada tipología arquitectónica podremos comprender y respetar mejor los diferentes tipo de vida, contribuyendo así a la conservación del legado histórico que aún forma parte de la memoria colectiva.
Las construcciones modernas entrañan un gran consumo de energía. Además tienen el inconveniente de ser calientes en verano y frías en invierno.
Si analizamos esta proporción para aproximarnos a la óptima, desde una perspectiva biológica que considera la resonancia entre la arquitectura y sus moradores, adquiere valor la arquitectura de tierra, ya que en combinación con la piedra en los cimientos, la madera para las techumbres, la arcilla cocida para la cubierta y las formas dadas a cada uno de los materiales, resuelven la armonía de estos elementos.

Los muros de tierra siempre integran su textura y color en el paisaje, pasando a formar parte de su ecosistema. Tan solo los materiales utilizados harán nuestra morada más o menos resistente al frío del norte, a la sequedad del poniente, a la humedad del naciente y al calor del sur.
El frescor húmedo se logra con tierra mojada, por lo que el tapial y el adobe son una sabia elección en el clima estepario, aquel que el poeta definió como “trescientos días de invierno y sesenta de infierno…”
Los revocos de mantenimiento permiten, a través de la plasticidad del barro y sus coloraciones, ser vehículo expresivo de sus hacedores y moradores. Las mujeres han manipulado el ornato de encalados con una significación de elemento vital. Es un material que desliza la acción constructiva a la expresiva.

Dado que se construye con tierra en todo el planeta, pero siendo una realidad que en cada pueblo y cada valle es algo diferente, se mantiene un carácter universal en la arquitectura de tierra.
Asociado culturalmente a la ruralidad, la tierra es el material básico de la tradición constructiva. Cualquier estudio de la arquitectura tradicional requiere el conocimiento de este material que, desde siempre, es portador y sostenedor del espíritu de las casas.
La tierra es el material de construcción más barato, tiene buen comportamiento en todos los parámetros técnicos valorables en bioconstrucción, como son la capacidad de respiración y permeabilidad al aire, calor biológico y penetración térmica, es buen conductor, carece de radioactividad, es armónico, viricida y curativo, además de acústico y amortiguador de ruidos, permeable a la radiación cosmotelúrica, incombustible y con capacidad resonante.
Es un material que acumula tantos siglos de atributos favorables, que lo hacen inherente a la arquitectura para los animales y el hombre. Afortunadamente las tendencias sociales apuntan a una mirada al pasado que arroja un rayo de esperanza a nuestros pueblos.
El fin que busca la bioconstrucción, ciencia de origen alemán, es el uso adecuado de los recursos de acuerdo con el sitio y las circunstancia naturales, sociales y económicas de los usuarios.
De esta forma se convertirá en una directriz intelectual que nos va a permitir dar un viraje al enfoque actualmente dado a la arquitectura, aportando así soluciones más apropiadas, más armónicas y sostenibles al futuro de la recuperación y mantenimiento de un legado histórico algunas veces olvidado y que no siempre ha estado tratado con justicia.
Econline Facebook
Luis Mateo Díez. Entrevista
El Tiempo










