Martes, Febrero 07, 2012
   
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Malas hierbas

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El paisaje de una tierra de labranza de secano, que refleja Antonio Machado en sus versos del poema “Por Tierras de Castilla”:

El hombre de estos campos que incendia los pinares y su despojo aguarda como botín de guerra, antaño hubo raído los negros encinares, talado los robustos robledos de la sierra. Hoy ve a sus pobres hijos huyendo de sus lares; la tempestad llevarse los limos de la tierra por los sagrados ríos hacia los anchos mares; y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra. Es hijo de una estirpe de rudos caminantes, pastores que conducen sus hordas de merinos a Extremadura fértil, rebaños trashumantes que mancha el polvo y dora el sol de los caminos es, aunque distante de su Soria querida, la visión con la que amanecen todos los días los habitantes de una comarca como la de los Oteros o de los territorios leoneses de la margen izquierda del Esla, en los confines de la provincia de León y de todos los territorios de la Tierra de Campos leonesa.

Es al tiempo la tierra de nuestros sabores y sinsabores, la tierra de nuestros gustos y disgustos y la tierra en la que nuestros antepasados dejaron su esfuerzo para procurarse casa, viandas y ropa de abrigo y así sacar adelante a la prole que llegaba en tiempos, en los que la labor no se viera interrumpida, pues hasta esto se calculaba. No se perdía el tiempo en rebuscar nombre para los hijos y normalmente caía en suerte, vaya usted a saber, si buena o mala, el nombre más raro del santoral, con lo cual santo y cumpleaños eran el mismo día.eco-2-385

Y en cuanto tenías la edad, pasabas a formar parte de las cuadrillas que hacían las labores del campo, fuera en días de nuestro frío invierno, o en días de nuestro sofocante verano. Hasta esa fecha, las labores para los más pequeños servían como jugando y, jugando era, de aprendizaje para el futuro.

Pero los tiempos han cambiado. La revolución industrial también llegó al campo y el antiguo arado y el ganado que tiraba de él se ha visto sustituido por maquinaria, que hace de la agricultura una profesión más humanizada.

eco-2-386Pero a veces la percepción de quien se encuentra siempre con lo mismo, nos hace ciegos ante lo que nos rodea por muy bello o importante que sea.

Así, el agricultor prepara sus tierras para la siembra. Siembra y lo hace con simientes de ciclo largo o corto. Lo hace para que, tras el período de dormancia de las mismas, cuando llega la combinación de agua y calor necesaria y suficiente, comience la germinación. Se inicia la misma y vemos cómo los colores amarillentos, ocres o rojizos, propios de los suelos desnudos, se tornan en verdes con una gran variedad de matices. Es el momento de la salida de los órganos vegetativos (tallo y hojas) al exterior, cargados de clorofila que representan las primeras fases del crecimiento de lo que el agricultor pacientemente esperaba, la fructificación.

Después los calores de mayo, junio y julio irán dorando las mieses, volviendo entonces a apreciarse los tonos amarillentos y ocres como parte del paisaje rural de nuestras comarcas.

Pero estos factores climatológicos, la precipitación y las temperaturas, no sólo favorecen la floración y fructificación de los trigos, los centenos, las avenas, las cebadas, etc., sino que al mismo tiempo, otras plantas no aprovechables por el agricultor, pero que requieren de idénticas condiciones, también florecen y fructifican, éstas son las llamadas “malas hierbas” o ¿pensaban ustedes que nos referíamos a otras?

Hoy estas “malas hierbas” son casi invisibles en los campos de cultivo a los que, sin embargo, rodean, como queriendo regresar a un espacio que les perteneció y del que fueron expulsadas.

Entre estas “malas hierbas” se encuentran plantas de gran belleza, otras no tanto, pero todas componentes de esa biodiversidad, con la que tanto se nos llena la boca y por la que a veces tampoco hacemos.eco-2-390

Las amapolas, cuyos pétalos aparecen sin duda todavía entre las hojas de los libros, donde las secábamos, porque alguien nos las había dado con el cariño propio de la niñez, son algunas de ellas y lo digo en plural, las amapolas, pues son varias y diferentes, hasta cuatro (Papaver rhoeas, P. hybridum, P. argemone y P.dubium), eso sin contar con la de color violeta (Roemeria hybrida), las que podemos encontrar en estas tierras. De ellas, podemos apreciar en las fotografías sus diferencias.

Otras, como el azulejo (Centaurea cyanus), motea de azul los cultivos. De amarillo lo hacen el cardo bendito (Cnicus benedictus), el ranúnculo (Ranunculus arvensis), el muñidor (Bunias erucago), el mismo rábano silvestre (Raphanus raphanistrum) y las pamplinas (Hypecoum imberbe). De blanco, la camelina (Camelina sativa), junto a los alfojares menudos (Buglossoides arvensis), del mismo modo que de rojo lo hace el ojo de perdiz (Adonis aestivalis subsp. squarrosa) y de color malva las candelarias (Agrostemma githago).

eco-2-391Otras de menor tamaño no han conseguido ser desterradas, ya que aparecen antes de que el cereal emerja del suelo y no molestan, son muy primaverales, casi invernales y, de entre ellas, destacaremos las verónicas (Veronica hederefolia, V. persica, V. triandros), todas con flores de tonos azules, o a la de flores amarillas como la yerba centella (Ceratocephala falcata) o morado-blanquecinas de los cantarillos (Androsace maxima) o púrpuras, como las de las ortigas muertas (Lamium amplexicaule).

Algunas no tienen esa vistosidad como la cebadilla (Hordeum murinum) o la cizaña (Lolium temulentum). Otras, que son de mayor porte, nos señalan la riqueza del suelo, indicando si la tierra es, según los parámetros del agricultor, buena o no y según los parámetros del suelo, que sean ricas o pobres en carbonato cálcico, respectivamente. Estas plantas son conocidas como tobas (Onopordon acanthium y O. nervosum), siendo esta última con su presencia la que nos indica la bondad del terreno.

Por último, hay otro conjunto de plantas, ya estivales, que se aprovechan de los componentes del suelo, no utilizados previamente por las plantas cultivadas y que aparecen después de la cosecha. Algunas introducidas de otros países y bastante vistosas, como el estramonio (Datura stramonium), otras con un fuerte olor a pescado, como los abrojos (Tribulus terrestris), ambas con usos medicinales y otras con frutos provistos de fuertes aguijones, que permiten mediante la zoocoria su dispersión, éste es el caso de la bardana menor (Xanthium strumarium) y de los codillos (X. spinosum).eco-2-392

En fin, el espacio disponible nos limita para poder seguir hablando de ellas, dada la amplitud de la diversidad de las mal llamadas “malas hierbas” de cultivo, probaremos, si es posible a ampliar esta relación, en artículos posteriores.

Pero es que estas plantas, además de enriquecer la biodiversidad de un territorio, son, en muchos casos, plantas que tienen un arraigo en la cultura popular importante, siendo sobre todo parte implícita de sus usos y costumbres.

Autores: Sara del Río González, Luis Herrero Cembranos y Ángel Penas Merino.Los autores son miembros del Instituto de Ganadería de Montaña (Centro Mixto del CSIC y la Universidad de León) y del Departamento de Biodiversidad y Gestión Ambiental de la Universidad de León.

 

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